miércoles, 24 de octubre de 2018

Idoia Lajo Segura, in memoriam









Querida Ido, amada:

Soy Aitor, tu Aitor. Te hablo hacia dentro porque afuera no estás. Ya no estás. Por eso he decidido hacer magia; un truquito que te robe del cielo y te plante en mi alma. Voy a abrirte un espacio entre mi pecho y mi espalda. Vivirá allí tu sonrisa cálida y esa mirada de lista tan de tu casa. Así podremos jugar otra vez fuera del tiempo; desdeñar el ocaso por la alborada.

Parece que fue ayer cuando nos hicimos amigos en aquel viaje por Europa en furgoneta. Dejaste entonces de ser la hermana de Pablo y la novia de Alberto, para ser mi amiga. Treinta días juntos, riendo y llorando, pasándolo en grande. Allí descubrí a Ido, mi Ido: Confidente, divertida,  preocupada siempre por tus amigos.

Te ganaste a pulso un hueco en mi vida y ya nunca dejamos de compartir momentos: en las calles de Vitoria y de Madrid; bajo las luces de Menorca y de Cullera; y en los espacios cortos: en tu casa, en la mía, en los bares, en la terraza de tus padres... Me presentaste a mi mujer, Lucía, en el seno de dos viajes a la nieve. Y -yo lo sé- hiciste todo lo posible para juntar a dos almas que intuías gemelas. Te saliste con la tuya y nos volvimos inseparables los cuatro. Alberto y tú. Lucía y yo. Y, cuando llegaron, también los niños: Javier, Diego y Silvia; y Aitana y Jorge.

Gracias a ti -no lo dudes- fuimos felices, porque la alegría se construye en un sinfín de momentos cálidos y cercanos. La felicidad no es sino un amor compartido que se repite en los rincones domésticos. Se hará muy raro ir a buscar a los niños a inglés y no verte aparecer con esa sonrisa que no te la quitó nadie, ni aún la certeza de una muerte anunciada. Me duele el alma al saber que no estarás para el aperitivo, mientras los niños juegan en los columpios, en las terrazas de El Prado, El Estadio o Amárica. Pero te prometo ser fuerte como lo fuiste tú, como lo está siendo Alberto (estarías orgullosa de él) para evitar que el barco zozobre. Pero a cambio tendrás que ayudarme, volviendo conmigo cuando te piense, acompañándome siempre como en aquel primer viaje en furgoneta.

Querida Ido, amada:

Soy Lucía, tu Lucía. Te hablo hacia el alma porque tu cuerpo no está. Ya no está. Pero no voy a dejar que te vayas; plantaré tu semilla en mi tierra soñada; serás en mi jardín lirio de gua y calor en mi morada. Seguirás poniendo la sal de mi jornada. El ayer se unirá al presente y la noche con la mañana. Voy a rescatarte cada día con una nana.  

Tenía 24 años, -tú ya 25 que siempre has sido seis meses mayor- y empezaba mi primer trabajo. Era un 3 de noviembre de 2003. Me pusieron en una mesa a tu lado y ya nada fue lo mismo. Desde entonces hemos estado literalmente “pegadas”; durante quince años compartiéndolo todo.  Imposible resumir una vida llena de momentos, imposible sintetizar “nuestra amistad perfecta”. Hemos vivido tantas cosas Ido, hemos sido tan felices "confabulando", "retroalimentándonos” (como diría Elena); nos hemos prestado nuestras familias, nuestros hermanos, nuestros amigos. Y lo hemos disfrutando tanto…

El 7 de febrero de 2009 hablé en tu boda. No pude hacerlo en tu despedida. Pero de haber tenido fuerzas lo habría hecho. Y volvería a recorrer contigo la vida, aun conociendo el final. Volvería a pasar por todo este dolor, porque me ha compensado tanto tenerte… No me has podido dar más, Ido; me has dado a Aitor, me has dado a Elena y a Marga, me has hecho madrina. Y, sobre todo, me has querido tanto, que yo solo sé “que sin ti duele más” y que “quiero que vengas conmigo a cualquier otra parte”.

Querida Ido, amada:

Somos Aitor y Lucía: Tu Aitor y tu Lucía. No por anunciados, los inviernos son más suaves. Y así nos has dejado, desorientados, perdidos, sumidos en las penumbras en las que, sin embargo, nunca quisimos creer. A tus 40 años, te has marchado como las buenas y las valientes: repartiendo tesoros en forma de instantes bellos; insuflando vida a todos los que te amaban: a tus hijos y a tus hermanos; a tu marido, a tus suegros y a tus padres; a tus compañeros de trabajo y a tus amigos; y encarando tu enfermedad con el valor de la madre que se sabe responsable de tres niños pequeños.

Serena y dura como una gema, nada parecía hacerte mella: "Tan solo pido vivir un poco más para ver a mis hijos más crecidos", comentaste a algún amigo próximo. Sin rastros de amargura, siempre pensando en el resto; empeñada en envolvernos en tus luces un día más, un mes más, un año más. No ha podido ser. Te nos has ido.

Pero queremos despedirnos diciéndote que tu vida no ha sido en vano; que seguiremos descubriendo tu sonrisa bajo las hojas de Leortza, y atisbando tu silueta bajo las noches de Cullera; serena ante la muerte, vital ante la vida. Genuina. Bella por dentro y por fuera. Siempre Ido, nuestra Ido querida y amada.

Contigo siempre...

Aitor Salazar Comet y Lucía Rodríguez Mosquera

domingo, 9 de octubre de 2016

El desierto detenido



Viajamos por la llanura del Tiris, al sur de los “territorios liberados” del Sahara Occidental, un paraíso natural y arqueológico sin igual. Los únicos asentamientos estables de sus 30.000 kilómetros cuadrados son tres fuertes de origen español ocupados por un puñado de guerrilleros polisarios.

Miguel Gutiérrez-Garitano


 
Turno de guardia en el fuerte de Aguenit (foto:Rafa Gutiérrez Garitano). 








No existe ningún lugar en África como el desierto del Tiris, al suroeste del Sahara Occidental. Se trata de una enorme llanura granítica atrapada en el siglo XIX, pues en su interior no hay carreteras, ni tendido eléctrico, ni núcleos urbanos, ni casi presencia humana en los aproximadamente 30.000 kilómetros cuadrados de arena y piedra calcinada que conforman el paisaje.

 
El desierto del Tiris es una vasta extensión de cientos de kilómetros de desierto (foto:Rafa Gutiérrez Garitano).


Tras la invasión marroquí, que sucedió a la marcha de España en 1975,  el Sahara Occidental quedó dividido en dos por un muro de 2700 kilómetros de longitud construido por el ejército alauí para contener a la guerrilla del Frente Polisario. La costa y las grandes ciudades e infraestructuras quedaron en manos del invasor, al oeste del monstruo bélico. Hacia oriente, mientras tanto, se abre un desierto virgen cuyos límites ni siquiera aparecen en los mapas: el Tiris.  En muchos aspectos se trata de un país detenido en el tiempo, como sacado de las obras literarias de P. C. Wren o Pierre Mc Orlan; relatos idealizados de combates entre legionarios y beduinos con un fondo de oasis, dunas y sebjas (llanuras de sal). Pero los legionarios españoles hace tiempo que partieron y su recuerdo se mantiene solamente en la línea de fuertes de paredes encaladas que dejaron y que se remontan a las primeras décadas del siglo XX. Los descendientes de los beduinos, por su parte, hoy son los dueños y señores de un país que controlan y vigilan bajo la enseña del Frente Polisario.

Los guerrilleros del Frente Polisario son aquí los señores; por la noche relatan historias junto a la hoguera (foto:Rafa Gutiérrez Garitano).

 En el norte de los "Territorios liberados" -como se conoce al Sahara Occidental controlado por la guerrila saharaui-  abundan los cooperantes, periodistas y activistas extranjeros. Pero estos son una excepción en el Tiris, pues la región queda a más de mil kilómetros de duro desierto de núcleos como Tifariti o Bir Lehlou o los campos de refugiados de Tinduf, en Argelia.  Fuera de un pírrico campamento de observadores de la MINURSO -encargados de verificar que se respeta el alto el fuego entre el Polisario y Marruecos-, en el Tiris habitan solamente los guerrilleros que nutren las guarniciones de los fuertes, sus familias y unos pocos cientos de pastores nómadas que entran y salen desde Mauritania. 

 
Vigía en el fuerte de Duguech (foto:Rafa Gutiérrez Garitano).

Alojados en los viejos blocaos de Aguenit y Dugech, compartimos con los guerrilleros su té y su arroz con cordero -prácticamente lo único que tienen- y somos testigos de la dureza de las condiciones de vida con que habitan estos hombres y sus familias. "Hace mucho calor y tenemos problemas de abastecimiento -nos confiesa Salem Agib, alcalde militar de Duguech-. El agua, la gasolina, los alimentos, las medicinas, etc., deben ser traídos desde Tinduf. Escasez que -como asegura el primer edil- se traduce en problemas como una alta mortalidad infantil. A pesar de ello, este pequeño ejército no permanece con los brazos cruzados sino todo lo contrario. En una llanura asistimos al despliegue de las "unidades móviles" del Polisario, que simulan un ataque con rápidos todoterrenos armados con cañones antiaéreos ZU-23-2 de fabricación soviética. "Se organizan continuamente misiones de instrucción, vigilancia del territorio y maniobras", asegura el coronel Moulud, jefe de la Séptima Región Militar del Sáhara (los fuertes de Aguenit, Duguech y Mijek, son las sedes, respectivamente, de las Séptima, Primera y Tercera Regiones Militares del Sáhara).

El coronel Moulud pasa revista a las tropas antes de unas maniobras (foto:Rafa Gutiérrez Garitano).


Después acompañamos a las patrullas frente al muro donde acecha "el enemigo marroquí" y a lo largo de la frontera mauritana, donde, en pasos como el de Zug, se detiene cualquier vehículo como se haría en cualquier aduana. "Ni contrabandistas ni yihadistas pueden pasar por aquí", asegura Moulud en este sentido. La belleza natural, a pesar del rigor del clima, es apabullante: Junto al río Atui, bajo  las montañas rojizas de Anzagzag los rebaños de dromedarios conviven con gacelas y tímidos fénecs, los pequeños chacales del desierto. La única nota discordante lo constituyen los restos de la guerra que los saharauis mantuvieron contra Marruecos y Mauritania desde 1975 hasta 1991. Aquí y allá los cadáveres de obuses y artefactos bélicos traen los ecos de pasadas batallas. 

Todo el territorio está lleno de restos bélicos (foto:Rafa Gutiérrez Garitano).


"Este carro lo capturamos en la batalla de Tichla", nos comenta un guerrillero frente  los restos de un tanque Patton medio hundido en la arena. Responde al nombre de Sidati Muro Molud y es nuestro guía, pues nació en el Tiris y conoce la región mejor que nadie:  "aquel día cargamos contra ellos frontalmente, y, aunque nos superaban en número, les hicimos cien prisioneros y capturamos varios tanques. Aunque este -zanja mientras señala el carro- se estropeó por el camino y tuvimos que abandonarlo aquí". Sidati es el típico hombre del desierto; con sonrisa de niño y ojos sabios en un rostro que es un puro cuero, parece un personaje de la novela "Beau Geste". Participó en todas las batallas de aquella guerra y antes de eso perteneció a la policía indígena española: "número profesional 15.318, tercera compañía de Esmara", recita todavía.

Sidati Muro Molud, retrato (foto:Rafa Gutiérrez Garitano).


El sueño de cualquier arqueólogo

 El Tiris saharaui es el paraíso para los amantes de la arqueología. Lo constatamos en Leyuad, una agrupación de escarpes graníticos que se elevan cerca del muro marroquí. Los nómadas aseguran que es un paraje encantado pues el viento produce extraños sonidos al atravesar las cumbres; "ese ruido -dicen- lo producen los yuns, los diablos del aire que habitan las cimas ". Sus rocas guardan auténticas joyas del arte rupestre, como las pinturas y los grabados de la cueva de la Djina.
El fuerte de Aguenit guarda además los materiales recopilados por una misión arqueológica de la Universidad del País Vasco que cuenta con apoyo del Gobierno de la RASD. Coincidimos con su responsable, el arqueólogo Andoni Sáenz de Buruaga que, como un moderno explorador, lleva a cabo un estudio multidisciplinar arqueológico y etnográfico que comenzó en 2004. "Hemos descubierto más de 4.000 túmulos de enterramiento e innumerable material lítico", anuncia.  

Relieves prehistóricos en una cueva de la región de Leyuad (foto:Rafa Gutiérrez Garitano).


Andoni Sáez de Buruaga muestra el material recolectado (foto:Rafa Gutiérrez Garitano). 




lunes, 19 de septiembre de 2016

La humanidad partida: treinta años de muro en el Sahara Occidental



Viajamos en torno al muro marroquí: 2700 kilómetros de taludes de arena, fosos, fortificaciones, alambradas, radares, soldados y millones de minas que parten por la mitad el Sahara Occidental.

Familias separadas, miles de muertos y mutilados y el empobrecimiento de amplios sectores poblacionales son algunas de sus consecuencias directas.

Miguel Gutiérrez-Garitano


Un oficial del Frente Polisario vigila el "Muro de la Vergüenza" a distancia (foto: Rafa Gutiérrez Garitano)


En el Sahara ocupado, acercarse al muro puede ser muy peligroso. El que escribe estas líneas lo sabe bien, pues pisó una mina en las montañas al este de Aussard, a un puñado de kilómetros de la gran pared, al sur del Sahara. Hubo fortuna y no estalló, pero cientos de ciudadanos saharauis no han tenido la misma suerte. Alcanzar el muro desde dentro está prohibido, pero su presencia, el odio humano que lo precede, se atisba en todo el país. Dejada atrás la localidad de Tarfaya, empiezan las barreras,  los check points, los interrogatorios y los malos modos que informan de que uno se encuentra en un país en estado de excepción. No sólo el clima es bélico, sino que no hay más que cuarteles y uniformes por doquier. Una marea verde desde El Ayoun, hasta Dahkla. Y la población saharaui, represaliada, se cuida mucho de contar según qué cosas. En este caldo de cultivo el extranjero no es bienvenido. En la ciudad de Esmara, de hecho, me ponen vigilancia y me siguen a todas partes. En El Ayoun -a donde llego el mismo día que una comisión de parlamentarios españoles- me obligan a abandonar la ciudad en dirección sur. Sólo en la carretera de Aussard encuentro el paso abierto, pero no hacia el muro, sino hacia los campos minados invisibles que lo preceden. Campos llenos de restos de los refugiados que huyeron hacia el este en 1975 mientras el ejército marroquí les bombardeaba con fósforo blanco:  sobre la arena todavía ennegrecida hay maletas, botes de conservas, zapatos y ropa, restos de animales...Y otros recuerdos de guerra y muerte: la alargada sombra del muro.



Porciones del muro en las regiones de El Guerguerat, hoy en disputa y Aguenit (fotos: Miguel Gutiérrez Garitano y Rafael Gutiérrez garitano).


Decenas de muertos y mutilados cada año
Cada año se produce un goteo de muertos y mutilados debido a las minas y obuses abandonados a ambos lados del muro. En el Sahara hay entre siete y diez millones de estos artefactos, convirtiendo el territorio en uno de los más contaminados del mundo. Se calcula que debido a ello hasta ahora han muerto 2500 personas y un número mucho mayor ha sido mutilada. Un horror que no sólo afecta a la población humana, ya que las pérdidas de cabezas de ganado se cuentan por miles. En la región de Tiris, la más meridional del Sahara liberado o Sahara bajo el control del Frente Polisario, las familias nómadas padecen esta lacra a diario:  "Mi hijo pequeño estaba jugando no muy lejos de aquel matorral cuando pisó una mina. Hoy está bien, pero debido a la explosión le quedaron secuelas en una pierna", nos explica Hassina Samu, de la familia  Samu Sidi Alal.


La familia Samu Sidi Alal ha perdido mucho por culpa del muro (fotografías de Rafael Gutiérrez Garitano)

A la sombra del muro habitan decenas de familias nómadas, que se desplazan con el ganado a aquellos lugares donde llueve y brota el pasto, lo que en ocasiones les acerca sin ellos saberlo a los campos minados. Los civiles que encontramos aseguran  que los soldados marroquíes disparan para divertirse sobre los camellos de los beduinos, ante la impasibilidad de la ONU. La economía de las familias nómadas, coartado su desplazamiento estacional, se ha visto seriamente afectada. Es el caso de la familia Samu Sidi Alal, cuyo ganado, doscientos camellos, cruzaron el muro para nunca más volver. "Los soldados marroquíes -asegura Hassina con el pequeño Mohamed en brazos- no nos dejaron cruzar a recuperarlos y hoy solamente tenemos dos camellos. Lo hemos perdido todo". Consecuencias que no sólo afectan a la población de Sahara Occidental; el muro y el esfuerzo bélico desplegado suponen un esfuerzo económico enorme para los ciudadanos de Marruecos en hombres, armas y material. Un gasto anual de más del 3% del Producto Interior Bruto (PIB), que Marruecos trata de contrarrestar con el expolio de los recursos naturales del Sahara.

Una sociedad mutilada y separada
Pero lo terrible del muro es que separa a las personas. En un inicio el muro marroquí solamente rodeaba el denominado "Triángulo útil": las principales ciudades y la mayor fuente de riqueza del territorio, la pesca y las minas de fosfatos. Pero después se construyeron cinco muros más conectados entre sí hasta que toda la antigua colonia española quedó partida de norte a sur. Y con ella las familias saharauis. Solamente hace pocos años la ONU creó los corredores humanitarios, programa gracias al cual se permite a personas cruzar el frente para reunirse con sus familias.

Mohamed Salem Kori no pudo ver a su familia en 30 años (Rafael Gutiérrez Garitano).


"Llevaba 30 años sin ver a los míos -dice con un hilo de voz Mohamed Salem  Kori- y hace dos años, al fin, pude reunirme con ellos". Tiene 55 años, y trabaja de chófer, aunque antes se ocupaba "de construir los pozos de agua de la zona de Aguenit", donde reside hoy. "¿Cómo fue el reencuentro?", le pregunto. Pero él sonríe con una tristeza infinita y zanja: "no se puede describir con palabras". El trauma psicológico que supone separar completamente una sociedad es tremendo. En el Sahara ocupado las represalias contra civiles están a la orden del día. En el Sahara no controlado por Marruecos no hay represión, pero sí miles de minas y un territorio duro pobre y desértico. Y en mitad un enorme monstruo humano, el muro, que ha mutilado a una sociedad entera.

Desconocido en España
Si preguntamos a personas de nuestro entorno por el Muro de Sahara Occidental, conocido también como Muro marroquí o Muro de la vergüenza, descubriremos que en España muy poca gente lo conoce, a pesar de que su extremo norte comienza a unos cientos de kilómetros al sur de Tarifa. Y el desconocimiento sorprende teniendo en cuenta que se trata de la segunda edificación más grande levantada por el hombre tras la gran muralla china y la mayor que permanece en uso. Tiene su origen en la Guerra del Sahara que enfrentó al Frente Polisario con los ejércitos de Mauritania y Marruecos entre 1975 y 1991, conflicto aún a la espera de resolución. Mauritania se retiró en 1979. Y la guerra no convencional  emprendida por el Frente Polisario desmoralizó al ejército marroquí, que perdió mucho material y muchos soldados, hasta que solicitó ayuda occidental al final de la década de 1970. Y así surgió el horror del muro, gestado por el ingenio israelí y con ayuda financiera saudí. Cumplió su objetivo de estabilizar la guerra, pero el Gobierno de Marruecos gasta anualmente una cantidad de dinero monstruosa en mantener esta muralla y a los medios humanos y materiales que los sustentan.


Brahim Mustafá y sus hombres vigilan una porción abandonada del Sexto Muro (Foto: Rafael Gutiérrez Garitano)


Fosos, fuertes, minas y radares de alta tecnología
"Cada cuatro o cinco kilómetros el muro está dotado de un fuerte pequeño de infantería, ya sea de tropas convencionales o de tropas especiales, junto a uno grande de carros. La pared está precedida por dos fosos, alambradas y una línea de minas, que crece en las áreas entre fuertes", nos explica  Brahim Mustafá, Jefe de Compañía de Duguech. Acompañamos a una patrulla del Frente Polisario en sus labores de vigilancia frente al muro (siempre a la distancia establecida por los tratados), que, según Mustafá, es de tal tamaño que no puede ser vigilado solamente por soldados. "En muchos tramos aprovecha las montañas y accidentes naturales. Y donde no hay hombres, hay muchas más minas. Además, también hay radares que detectan el movimiento a decenas de kilómetros, como el que está en aquella montaña", dice mientras señala al horizonte, a una mole orogénica a la que alude como "Tederrurart". Luego zanja: "ahora mismo ya sabrán que estamos aquí".
El guerrillero nos muestra una porción abandonada del sexto muro y nos explica: "Los marroquíes se dieron cuenta de que la línea de montañas era más defendible; en esta llanura les hostigábamos continuamente, así que retrocedieron y montaron otra muralla cerca de Aussard y Tichla". Luego continuamos nuestra marcha por este campo de guerra y muerte. Por el día observamos las fortificaciones con prismáticos; por la noche escuchamos a la luz de la hoguera viejas historias en boca de los veteranos. Historias trágicas sobre el muro.
Pesquero en la costa del Sáhara ocupado (Miguel Gutiérrez-Garitano).

Campo minado junto al muro, cerca de Aussard, Sáhara ocupado (Miguel Gutiérrez-Garitano).

Imagen del cuartel marroquí de Dakhla (Miguel Gutiérrez-Garitano).


El muro, en datos y cifras:
Tamaño y estructura
-Es la segunda construcción humana más grande tras la gran muralla china y la más grande en uso. Tiene unos 2.700 kilómetros de longitud; lo vigilan 180.000 soldados del ejército marroquí; y está flanqueado por, entre siete y diez millones, de minas.
-Cada cuatro o cinco kilómetros está dotado de un fuerte pequeño de infantería, junto a uno grande de carros. la pared está precedida por dos fosos, alambradas y una línea de minas, que crece en las áreas entre fuertes. Además, también hay radares sobre las montañas y tropas de fuerzas especiales.
-El frente está vigilado por puestos de la misión de la ONU (MINURSO) encargada de verificar que se mantenga el alto el fuego establecido desde 1991.


Mapa de Sáhara Occidental y del muro que lo divide de norte a sur (Íñigo Cobeta).


Historia y objetivo
-Parte de norte a sur todo el territorio del Sahara Occidental. Al oeste del muro, bajo autoridad marroquí, están las principales ciudades -El Ayoun, Esmara, Bojador, Dahkla...-, además de las minas de fosfatos de Bucraa y los caladeros de pesca. Al este, arena, roca, los refugiados saharauis y el ejército del Frente Polisario, en una franja de desierto a cuyos habitantes aluden como "territorios liberados".
--Su estructura está Inspirada en la línea Bar Lev, muralla erigida en 1973 por los israelíes en la orilla este del canal de Suez para contener al ejército egipcio en las guerras árabe israelíes.
-Su objetivo era estabilizar la guerra, impedir y acotar las acciones de guerrilla del Polisario.
-Se construyó en ocho fases sucesivas, desde agosto de 1980 hasta abril de 1987.

Minas y víctimas
Según datos de la ONU en Sáhara Occidental todavía hay 100.000 kilómetros cuadrados minados. Su número es difícil de calcular; se estima que ronda entre los 7 y los 10.000.000 cifra defendida por el Pentágono.
Las minas y obuses de la guerra han causado unas 2500 muertos y miles de mutilados, además de la pérdida de miles de cabezas de ganado.


domingo, 11 de septiembre de 2016

En el frente kurdo contra Daesh



Un miliciano kurdo camina junto a un grafiti en un puesto avanzado.


Recorremos los 1.050 kilómetros de frente que el Kurdistán iraquí mantiene con el Estado Islámico. Mal armados y peor pagados unos 140.000 peshmerga y dos centenares de voluntarios occidentales contienen a un ejército terrorista cuya determinación ha empezado a resquebrajarse. Un campo de batalla regado con el sufrimiento de las minorías religiosas cristiana y yazidí.  
Miguel Gutiérrez-Garitano

En el campamento de la Novena Brigada Peshmerga -la flor y nata del ejército de la Región Autónoma de Kurdistán (RAK)- en Doquq hay un rincón que destaca por dos presencias: los voluntarios occidentales y sus perros. Por las noches y terminada la faena, se arrebujan todos juntos bajo las estrellas sobre un sofá y un par de viejos pupitres de escuela resguardados de los elementos por una suerte de pérgola de fortuna techada a base de plásticos. Cinco perros, dos franceses, un norteamericano y un húngaro, todos soldados profesionales -voluntarios sin paga en el ejército kurdo-, tratan a diario de evadirse de la guerra frente al candor de una hoguera. Me adoptan sin dudar aunque se disculpan por presentarse con nombres falsos: "Daesh es más peligroso en Francia que aquí, y tenemos familia", aclara uno de los franceses que responde al alias de "Sebastien".


Sebastien y Thierry forman un tandem que en Francia conocen como "brigada 732" en honor a la batalla de Poitiers.


La Novena Brigada es una de las nuevas unidades kurdas; fruto de los esfuerzos del Ministerio de Peshmerga de convertir un ejército básicamente partisano conformado por las milicias independientes de los dos principales partidos -Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y Unión Patriótica del Kurdistán (PUK)- en un cuerpo moderno bajo las órdenes exclusivas del Gobierno en el poder. En esta nueva política de defensa, los asesores occidentales detentan una importancia palmaria: "Entrenamos a la tropa en manejo y limpieza del armamento, asalto, guerra urbana, inteligencia... -aclara Sebastien- y vamos consiguiendo resultados, pero lentamente, porque los kurdos llevan décadas luchando y haciendo las cosas a su modo y es difícil cortar ciertos vicios".
A diferencia del magiar y el yanqui -que conducen un par de humvees acribillados a balazos-, Sebastien y Thierry, no combaten "aunque nos gustaría" y se dedican a asesorar. Vinieron a Iraq hace escasos meses a: "Parar la barbarie del Daesh contra civiles". Sebastien es además doctor en Arqueología y no pudo "soportar asistir a la destrucción de las estatuas del Museo Arqueológico de Mosul". Su hermano de armas del ejército de la República, Thierry, ni se planteó dejarlo sólo. Ambos dejan familia atrás y no hacen esto "ni por religión, ni por política ni por fobias de tipo racial. Abominamos de la palabra <<Cruzado>> y estamos aquí porque, tras décadas de experiencia en África y Oriente Medio en labores de Seguridad e Inteligencia,  sabemos lo que hacemos y creemos que podemos ayudar".

Un voluntario húngaro se refleja contra el cristal de su humvee, tiroteado por Daesh.

En la Novena Brigada Peshmerga combaten un grupo de voluntarios occidentales.

El servicio sanitario de la Novena es otra de las cosas que ha mejorado sustancialmente gracias a la voluntaria hispano-brasileña Eloisa Yaiza Pantojo; su vida dio un giro cuando perdió a  toda su familia en un accidente de tráfico cuando no era más que una niña; ha servido en los ejércitos israelí e Hindú y goza de una gran experiencia como francotiradora. Con estudios de Auxiliar de Enfermería es la única con conocimientos sanitarios en toda la brigada. "Antes de venir yo estaba todo el material amontonado y las medicinas ni siquiera se conservaban a bajas temperaturas, por lo que se estropeaban"; gracias a ella está todo debidamente guardado y conservado gracias a dos máquinas frigoríficas para refrescos.
-¿Es duro ser la única mujer de toda la brigada?
Asegura que no; pero luego, mientras me invita a unas deliciosas patatas con chorizo, comenta las "estrategias" que sigue a diario para hacerse respetar por sus compañeros:  "a todos les digo <<brama>> que en kurdo significa << mi hermano>>, así me ven como a una hermana mayor; siempre llevo este crucifijo bien a la vista para que vean que no me cubro el pelo porque soy cristiana y además uso un burka que compré en India para ducharme".  

Eloisa Yaiza Pantojo es francotiradora y la única sanitaria de la Novena.


Con los voluntarios extranjeros patrullo la línea de frente a unos 10 kilómetros al sur de Doquq. Se trata de una mastodóntica obra de ingeniería y zapa: varias líneas de trincheras, zanjas y un enorme talud que cada medio kilómetro se refuerza con puestos avanzados y pequeños cuarteles situados sobre verdaderas colinas de tierra. Una auténtica Línea Maginot kurda que los hombres de Daesh hostigan a veces pero que ya no pueden traspasar. Tamaña fortaleza responde a motivos estratégicos, pues nos encontramos en la puerta sur de los campos de petróleo de Kirkuk, principal fuente de ingresos de la RAK. "En toda esta región -me explica Thierry- hubo combates muy fuertes en otoño de 2015; cambió de manos varias veces, pero al final los peshmerga se impusieron con ayuda de la aviación occidental. Ahora Daesh mantiene una actividad mínima. Nos tiran con mortero día sí día no, pero lo que más miedo nos da son las IEDs, los explosivos improvisados". Según me explica, amparado en la noche, el enemigo coloca trampas explosivas al paso de las tropas. "Pasamos más miedo en los traslados, al salir del cuartel, que cuando vigilamos las fortificaciones", me explican. "Esta zona tiene mucha población suní u algunos están contra nosotros. Nunca salimos del cuartel solos y sin las armas". "Tikrit está ardiendo". Hacia el suroeste, a unos 60 kilómetros de donde estamos, el ejército de Iraq pelea al rededor de la que fuera ciudad de nacimiento del dictador Saddam Hussein. Grandes humaredas se elevan en el horizonte porque, según me explican, "Daesh antes de retirarse incendia los pozos de petróleo y pone bombas en todas las casas". 

Una fuerte línea fortificada protege los campos petrolíferos de Kirkuk de las banderas negras.

El goteo de refugiados es constante; en la imagen, el oficial kurdo se cerciora de que no se trate de una trampa.


Encaramado sobre una fortificación, entre dos puestos de francotiradores, un oficial peshmerga me explica la situación: "Aquel pueblo de allí, a unos dos kilómetros, pertenece a Daesh y se llama Dalish". Mientras hablamos alguien grita desde el campo enemigo. Un grupo de civiles se ha acercado a la línea fortificada y pide a gritos que les dejen refugiarse en territorio kurdo; trato de bajar por el talud a tomar fotografías pero me lo impiden; "hemos sufrido varias bajas porque el Daesh usa civiles como bombas humanas", me dice el oficial. Finalmente se verifica que los civiles son inofensivos y se les deja pasar; el oficial se los lleva a que reciban atención médica y "algo de comer porque suelen llegar desnutridos". Según me informan, la llegada de gentes que escapan del Daesh y otros grupos armados es "un goteo diario".

El Brigadier General Araz Abdulkadir está tras el éxito de la Novena Brigada.

 El éxito de la Novena Brigada Peshmerga tiene nombre y apellidos. Se debe en gran medida al trabajo de su máximo responsable, el Brigadier General Araz Abdulkadir. Culto y experimentado  -habla perfecto inglés, estudió en una Universidad sueca e hizo carrera en el ejército Iraquí- me recibe en su despacho, que preside una sala de sofás donde acoge a las visitas. "¿Quiénes son los que combaten con Daesh?". "Los comandantes son casi todos iraquíes; aunque hay muchos extranjeros, de todas partes: sirios, saudíes, filipinos, del norte de África, europeos, chechenos, afganos...Se trata de un auténtico "ejército diferente a cualquier otro".
-Las administraciones europea y americana aseguran que no hay botas en el terreno, ¿es eso cierto?
Por supuesto hay cooperación, por ejemplo a niveles de inteligencia; nosotros nos encargamos de buscar objetivos para la aviación, entre otras cosas. "Sin embargo -ataco- en la prensa local no dejan de aparecer operaciones de fuerzas de élite como el Delta y el SAS británico". "La cooperación es a muchos niveles, con fuerzas occidentales de élite, con el ejército de Iraq, con las milicias chiitas... Cooperar es parte fundamental de nuestra estrategia. Pero a día de hoy los kurdos somos el escudo de muchos países y una mayor ayuda de otras potencias sería bienvenida.

Miembros de las comunidades de religión kaki escuchan al general.


El general, recibe cada día a los líderes de las comunidades kurdas, árabes y  turcomanas, con afán de escuchar sus problemas y tratar de ganarse así "los corazones y las mentes". "Gracias a esto hemos reducido drásticamente los atentados en el área de Kirkuk". Asesoramiento extranjero, coordinación con otros ejércitos, relación con las comunidades locales a lo que Araz suma la agilidad y la acción rápida.  Cuando el general apenas ha despedido a una delegación de jefes tribales kurdos aparece el general de la Decimo Sexta Brigada. Se trata de la brigada móvil. "Nos marchamos, ha surgido un problema con las milicias chiitas", se despide.

El puesto avanzado de Dibis es la punta de lanza en el sector de Hawija.


Que el gobierno de Masud Barzani apueste por oficiales cosmopolitas para erigir su ejército moderno no quiere decir que haya prescindido de los viejos veteranos de las guerras kurdas contra Saddam Hussein. En el sector de Dibis, al noroeste de Kirkuk, los 600 hombres del general Neriman protegen una línea de puestos avanzados ante un enemigo que utiliza la noche para golpear. Aquí Daesh es fuerte porque cerca, al oeste, esta Hawijah, su cuartel general en la gobernación de Al-Ta´Mim.  Entre explosiones de morteros y un esporádico tableteo producido por  fuego de Kalashnikov, el general -un viejo guerrillero que combate "desde los 17 años"- me expone la situación: "desde que construimos esa trinchera ya no nos lanzan coches bomba: Durante el día nos bombardean con morteros. De noche usan a civiles cubiertos de bombas para atacarnos. 

 
El general Neriman, un guerrillero de la vieja escuela, y sus hombres.
 Entre los peshmerga hay dos españoles que corroboran las palabras de Neriman: "La pasada semana nos han atacado dos veces de esta manera -asegura un soldado que responde al nombre de Simón de Montfort-. Primero fue un viejo con un burro, después un chaval en bici. Se trataba en realidad de suicidas y los peshmerga los abatieron antes de que llegaran a nuestras líneas".
 Estos voluntarios que "no cobran por combatir más que el rancho de cada día" se conocen en los medios españoles como "El boina verde" y "El gallego". El lenguaje de Simón es arcaizante y lleno de frases alusivas a la religión y tiene el cuarto lleno de libros piadosos y rosarios bajo una gran bandera española en la que se lee: "Reinaré en España. !Viva Cristo Rey¡" "Soy católico practicante, tradicionalista, terciario capuchino y además fui boina verde"-aclara-. 

"El boina verde" y "El gallego", dos voluntarios españoles contra Daesh, en Dibis.
 -¿Te consideras un cruzado?
"Siempre me gustó esta mezcla de espiritualidad y capacidad combativa de los templarios". Aunque reconoce que de joven perteneció a un sindicato de Falange asegura no estar en Iraq por motivos políticos ni mucho menos por tendencias islamófobas o racistas. "Esta milicia es socialista y todos nuestros compañeros son musulmanes sunitas. Además me he tirado muchos años de mi vida en organizaciones de ayuda a inmigrantes. Le mueve "proteger a los cristianos que están siendo exterminados". Por su parte, el gallego -cuya experiencia militar le viene de la BRILAT, Infantería Ligera del Ejercito Español- explica: "Llevo 41 años trabajando como un cabrón y no tengo familia. Quería hacer algo. Y si me matan al menos habré intentado defender a esos inocentes de ser asesinados y esclavizados". Pronto -aseguran- vendrá otro español, comunista, al que van a acoger "como a un hermano de armas. Aquí no nos importa ni raza ni credo ni tendencia política -zanja Simón-. Tenemos claro que el enemigo son las banderas negras".

En el cuartel general del NPF, con el comandante Safaa Khamro y Mathew Van Dyke, conocido internacionalista y líder del SOLI.
 El pueblo fantasma de Telskuf, a 15 kilómetros de Mosul, es en sí mismo un testimonio del genocidio perpetrado por el Estado Islámico contra los asirios cristianos. Tras tomar Mosul -el 10 de junio de 2014- los yihadistas se derramaron como una plaga de langostas por las llanuras de Nineveh, aniquilando a su paso a esta minoría. 125.000 hombres mujeres y niños pudieron escapar de la matanza y se refugiaron en la RAK donde pululan hacinados en campos y olvidados por la comunidad internacional. El único pueblo de las llanuras de Nineveh que reconquistaron los kurdos -en el seno de la ofensiva para  hacerse con la presa de Mosul el 18 de agosto-  fue Telskuf. Solo habían sobrevivido tres ancianas. Hoy la población es símbolo y bastión de la lucha contra los terroristas, que la atacan a diario con cohetes tipo katyusha y fuego de mortero. La guarda una compañía peshmerga junto a una milicia asiria, de voluntarios sin paga, que opera bajo autoridad kurda, conocida como Nineveh Plane Forces (NPF). Los lidera el comandante Safaa Khamro que está empeñado en "combatir por recuperar el territorio perdido y liberar a nuestros familiares". Recibe el apoyo de Sons of Liberty International (SOLI), una organización sin ánimo de lucro, que se financia gracias a aportaciones particulares y cuyo objetivo es "dar formación y entrenamiento de seguridad a comunidades vulnerables". "Creemos que todas las personas -nos dice su creador, alma y líder Matthew Van Dyke- tienen derecho a defenderse y preservar su libertad independientemente de su situación financiera. Creemos en un mundo donde los inocentes son protegidos -proclama.  

Van Dyke junto a sus hombres, cuya labor, sin ánimo de lucro, consiste en adiestrar a las miliciuas cristianas.

Van Dyke y Khamro junto a formadores y alumnos.


Conocido luchador por la liberación de los pueblos libio y sirio, el americano es el más famoso e inclasificable de los extranjeros que sirven en Kurdistán. Viajero, cineasta y corresponsal de guerra, Van Dyke lo abandonó todo en 2011 para unirse a los rebeldes libios tratando que de aquella primavera se gestara un verano político. Sobrevivió a la destrucción de todo su pelotón y a seis meses de reclusión en las mazmorras del dictador. Los asesinatos televisados de los periodistas James Foley y Steven Sotloff, dos de sus mejores amigos, marcaron para él un antes y un después. "Abandoné definitivamente los reportajes y me di de lleno a combatir el terror", asegura.




Responden a los seudónimos de Dave, Tom y Jerry. Son los militares estadounidenses encargados de formar a los reclutas cristianos de Telskuf.


Ahora el americano de Baltimore -que ha entrenado a varios cientos de combatientes cristianos- trabaja en una calle desierta de Telskuf, asistido por tres veteranos -un marine y dos soldados de infantería- del ejército de EEUU que responden a los alias de David, Jerry, y Tom. Entrenan a los hombres de la NPF en "asalto, guerra urbana, armamento y todas las habilidades necesarias -sostiene Van Dyke- para que nos les maten a las primeras de cambio cuando traten de recuperar su tierra". Asisto al trabajo de los instructores del SOLI con dos "escuadras" (unos 18 hombres) de jóvenes que progresan por una calle desierta del Telskuf medio derruida por los cohetes enemigos. De tanto en tanto se escuchan disparos y explosiones. "Trabajamos a dos kilómetros de primera línea, lo cual acostumbra a los hombres a las condiciones de combate; la semana pasada llamaron al SOLI para repeler un ataque en Baqofah". Tanto los instructores como el comandante Khamro están muy contentos con el progreso de los reclutas. "Esta gente tiene comida y medicinas pero no pudieron defenderse y la comunidad Internacional los abandonó" -dice David-. Luego esgrime el Kalashnikov para espetar: "Este es el humanitarismo que necesitan".

Milicianos peshmerga patrullan por la sitiada Sinjar.

 Que la capacidad ofensiva del Daesh en el frente kurdo se ha visto seriamente mermada es una evidencia. Pero es cuando desciende la violencia cuando las heridas salen a relucir y no hay mayor horror en esta guerra que el que me encuentro en Sinjar. Toda la ciudad -que antes tenía unos 25.000 habitantes- yace atomizada en un puro amasijo de polvo y hierros lleno de trampas explosivas. Sólo algunas de las casas de los vecinos no sunitas que están minadas por Daesh están marcadas con banderines rojos y grafitis. La sensación en lo que fue su centro histórico bascula entre la desolación y el espanto. "Está todo minado y algunas trampas explosivas son muy sofisticadas -me avisan tres jóvenes peshmerga-. Además pueden quedar yihadistas en sótanos y aljibes". Lo más peligroso son los túneles, que recorren el subsuelo de la población y que "fueron construidos por los esclavos de Daesh para esconder riquezas y resistir los bombardeos de la coalición". En patios y habitaciones se pudren los cadáveres de los yihadistas cuyo origen diverso se advierte en los grafitis de las paredes - en varios alfabetos- y que versan invariablemente sobre la obsesión última de este ejército de locos: la religión.







Sinjar es el corazón del mundo yazidí, una minoría religiosa que enraíza muchas de sus creencias en el zoroastrismo. Los sunitas radicales consideran a esta gente "adoradores del demonio" y trata literalmente de exterminarlos a todos menos a las mujeres jóvenes. "Se han llevado a más de 300 como esclavas sexuales -me explican Amir Balier Ismail y Ez-Aldeen Rashoo, dos trabajadores del hospital de Sinjar-. Se las intercambian entre los yihadistas o las venden en Raqqa, Tal Afar o Mosul". Salvo algunos edificios derruidos ocupados por los peshmerga, el hospital es el único punto vivo en medio de la ciudad muerta. Esconde el horror en un cuarto con dos estancias separadas por un biombo; "En la estancia vacía -susurra Ez-Aldeen Rashoo- las casaban y las preparaban (mientras habla me muestra una serie de tétricos vestidos y una cesta llena de coronas de flores de plástico) y después las violaban en esta cama. 40 mujeres de mi aldea están entre las secuestradas, muchas de ellas de mi familia". No sé cómo puede seguir pero lo hace: "el primer mes aún tuvimos noticias porque algunas escondieron sus móviles. Nos llamaban desde Tal Afar y nos contaban todas la barbaridades que han padecido". Con ellos recorro las fosas comunes donde todavía descansan si sepultura los restos de las mujeres mayores. 



 
Amir Balier Ismail y Ez-Aldeen Rashoo, dos trabajadores del hospital de Sinjar, me muestran donde el Daesh violaba y asesinaba a las mujeres yazidíes.

Sinjar -que está rodeada por todas partes menos por las estribaciones montañosas del norte- es un punto estratégico porque por ella pasa la carretera que une Mosul y Raqqa. Los peshmerga la han cortado pero -como me advierte el comandante Salal Mohamed Rahim- "Daesh utiliza ahora pistas que ha abierto más al sur". Consigo llegar hasta la carretera, horadada de cráteres producidos por los coches-bomba que una batería de misiles Milano se encarga de neutralizar. El propio Salal, que me asegura que desde 2015 reciben a diario ataques de gas mostaza, ostenta un brazo inutilizado por el tiro de un francotirador de los que barren la posición todas las mañanas.



Salal Mohamed Rahim está al mando de una batería de misiles MILANO, que intercepta la carretera de Mosul.

Algún día Sinjar, el Gernika iraquí, se erigirá en símbolo de esta guerra. Conquistada el 2 de agosto de 2014 por los islamistas radicales, no fue hasta noviembre de 2015 que se consiguió recuperar gracias a las tropas kurdas de Iraq y Siria y a los aviones de la coalición, cuyas bombas terminaron de pulverizar la población. Sus habitantes sobrevivieron durante meses sitiados en las montañas, "alimentándonos de frutos silvestres y de la comida que lanzaban los aviones occidentales". Y allí siguen, esperando a recuperar lo que queda de sus familias y hogares.

 
El cráter de un ataque suicida preside la visión en el último puesto de la posición kurda más avanzada.

OBJETIVO MOSUL
En 2015 el Estado Islámico perdió un 20% de su territorio en Siria e Iraq, donde han perdido ciudades clave como Tikrit y Ramadi. El pasado 5 de marzo el Primer ministro de Iraq, Haider Al Abadi, junto al enviado de la Casablanca para liderar la coalición, Brett Mc Gurk anunciaban la ofensiva definitiva para este año dando por hecho el apoyo del ejército kurdo. A Erbil le interesa un fin rápido de la guerra porque mantener una extensa frontera -1.050 kilómetros con Daesh y otros 550 con Siria- y a tantos miles de soldados en alerta resulta ruinoso para una economía maltrecha y dependiente del petróleo de Kirkuk. A muchos soldados se les debe su paga desde hace meses y los comandantes son unánimes en la necesidad urgente de armamento.
AL BORDE DE LA QUIEBRA ECONÓMICA
El futuro de la guerra depende de los asuntos económicos. En una entrevista para este reportero, Jerry Kiser, propietario de Independent Petroleum Land Services y con gran experiencia en Kurdistán, pinta un futuro económico complicado para la región. Habla de "colapso inminente". Tanto Iraq como la RAK están endeudados; el petróleo no hace más que bajar y "gran parte del crudo se pierde debido al contrabando llevado a cabo por una red mafiosa que se creó durante el bloqueo internacional (el Programa Petróleo por Alimentos) al régimen de Saddam Hussein y que hoy todavía sigue vigente".
COMBATIENTES EXTRANJEROS
Frente a los más de 30.000 yihadistas que se han unido al Daesh, el ejército kurdo cuenta solamente con unos 200 voluntarios occidentales europeos y americanos. Entre ellos hay verdaderos mendigos y alucinados; también enviados por organizaciones comunistas y fascistas. Pero priman los exmilitares serios con gran experiencia que son valiosos como formadores. La mayoría se une al ejército kurdo de la mano de la organización francesa "para la defensa de los cristianos" Dwekh Nawsha". Otros engrosan sus propias organizaciones, como Sons of Liberty International (SOLI) y American Mesopotamian Organization (AMO), encargados de entrenar a milicias asirias como Nineveh Plain Forces (NPF), Nineveh Plain Protection Units (NPU), etc.
LOS NÚMEROS DEL GENOCIDIO
El pasado 4 de febrero el pleno del Parlamento Europeo aprobó una declaración conjunta que declaraba que el Daesh está "llevando a cabo un genocidio contra cristianos, yazidíes y otras minorías religiosas en Iraq y Siria". Un informe de la ONU cifraba la barbarie por parte de los yihadistas en Iraq para finales de 2015 en 19.000 asesinados, 37.000 heridos, 3.500 personas esclavizadas y centenares de miles de desplazados, sobretodo miembros de las minorías religiosas, cristianos y yazidíes.